Cuaderno de Bitácora: Bucs vs Browns, una derrota que deja demasiadas preguntas

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Hay derrotas que duelen por el marcador y otras que duelen por la sensación que dejan cuando termina el partido. El Bucs vs Browns pertenece a la segunda categoría. Tampa Bay cayó 23-19 ante Cleveland en el Raymond James Stadium y, después de dos jornadas, los Buccaneers se marchan al 0-2 por primera vez desde 2014. El problema no es únicamente haber perdido dos partidos que estaban perfectamente al alcance del equipo. Lo preocupante es que, después de 60 minutos en Cincinnati y de más de cinco horas de Football en Tampa, seguimos intentando encontrar la identidad de un equipo que debería tener bastante más claro quién quiere ser.

El domingo empezó con unas expectativas que ahora parecen lejanas. Los Buccaneers llegaban a su estreno en casa después de perder 33-27 contra los Bengals, con la necesidad de corregir errores y aprovechar un encuentro ante unos Browns que también habían comenzado la temporada con derrota. El contexto invitaba a pensar en una reacción inmediata, pero durante buena parte de la tarde Tampa Bay volvió a jugar por debajo de lo que debería exigir su propio talento. Hubo buenos momentos, especialmente en defensa, apareció Bucky Irving, Chase McLaughlin fue una roca y durante algunos minutos del tercer cuarto pareció que la historia podía cambiar. Sin embargo, cuando llegó el momento de cerrar el partido, volvieron a aparecer los mismos problemas.

Y eso es lo que más preocupa.

Porque el problema de los Bucs no es que Cleveland les haya pasado por encima. El problema es que Tampa Bay volvió a tener el partido controlado durante algunos momentos, volvió a estar por delante en el cuarto cuarto y volvió a quedarse sin respuestas cuando más las necesitaba. Entre medias tuvimos una tormenta eléctrica, un retraso de dos horas y doce minutos, una entrada en la zona roja con todo por decidir y un último drive que terminó exactamente como tantas veces hemos visto en los últimos tiempos: con la oportunidad delante y la jugada definitiva sin llegar.

Una primera mitad en la que la defensa sostuvo al equipo

Si nos quedamos únicamente con el marcador al descanso, el 9-6 podría parecer un partido perfectamente controlado. Pero cualquiera que estuviera viendo el encuentro sabía que no era así. Tampa Bay movía el balón de manera irregular, conseguía alguna jugada explosiva y se acercaba al campo rival, pero cada vez que llegaba la hora de rematar una serie aparecía un tercer down mal ejecutado, una penalización o un error que obligaba a conformarse con tres puntos.

Chase McLaughlin se encargó de mantener el barco en la dirección correcta. El kicker conectó primero desde 59 yardas, después desde 45 y volvió a acertar desde 31 antes del descanso, demostrando una vez más que los Buccaneers tienen una absoluta garantía en una posición que demasiadas veces se da por sentada. El field goal de 59 yardas fue además el decimotercero de McLaughlin desde 50 o más yardas desde el inicio de la temporada 2025, la mejor cifra de la NFL en ese periodo. Cuando el ataque no consigue touchdowns, tener a un jugador capaz de convertir casi cualquier aparición suya en puntos es un seguro enorme.

La defensa, mientras tanto, estaba haciendo prácticamente todo lo que se le podía pedir. Cleveland tuvo muchísimos problemas para correr el balón y Quinshon Judkins apenas pudo encontrar espacio, mientras el pass rush empezaba a dejar alguna señal positiva. A’Shawn Robinson consiguió llegar hasta Deshaun Watson y hubo varias jugadas en las que la defensa consiguió poner al quarterback de Cleveland en situaciones incómodas. El equipo necesitaba que el ataque aprovechara ese trabajo. Y ahí estaba el problema: no terminaba de hacerlo.

David Walker deja una señal importante

Dentro de una tarde en la que no sobraron las noticias positivas, la aparición de David Walker merece un apartado propio. Después de no disputar un solo snap en Cincinnati, el rookie tuvo por fin la oportunidad de debutar en la NFL y no tardó en demostrar por qué había generado buenas sensaciones durante training camp y preseason. Su sack sobre Deshaun Watson en el segundo cuarto llegó en un tercer down clave y obligó a Cleveland a conformarse con otro field goal.

No hace falta exagerar una jugada para valorar lo que significó. Tampa Bay necesita pass rush y necesita jugadores capaces de crear problemas por sí mismos, especialmente en situaciones de pase obvias. Walker mostró precisamente eso. Puede que su papel todavía sea pequeño y está por ver cómo evoluciona su participación en las próximas semanas, pero después de dos jornadas en las que el pass rush de los Buccaneers sigue sin convertirse en la amenaza que se esperaba, cualquier aparición de un jugador capaz de generar presión merece atención.

El tercer cuarto nos engañó durante unos minutos

Después del descanso apareció la mejor versión ofensiva de Tampa Bay. La serie comenzó con una recepción de 24 yardas de Chris Godwin Jr., Bucky Irving añadió una carrera de 14 y Baker Mayfield empezó a mostrar algo más de movilidad dentro y fuera del pocket. El ataque se fue acercando a la red zone y, esta vez, no terminó con otro field goal.

Mayfield evitó una situación complicada en tercer down, volvió a escapar de la presión y acabó encontrando a Emeka Egbuka para touchdown. El ya no tan rookie estaba prácticamente solo y puso el 16-6 en el marcador con 9:33 por jugar del tercer cuarto. Era justo el momento que Tampa Bay necesitaba. Después de toda una primera mitad en la que costaba encontrar ritmo, el ataque parecía haber despertado y el partido empezaba a ponerse donde los Buccaneers querían.

Pero el problema de este equipo es que todavía no sabe cerrar las puertas cuando tiene la oportunidad.

Cleveland respondió con un buen drive que terminó en field goal y, poco después, llegó uno de los golpes más duros de la tarde. Deshaun Watson encontró a Denzel Boston y una combinación de errores defensivos convirtió una jugada que debería haber terminado en una ganancia importante en un touchdown de 55 yardas. Alex Anzalone falló el tackle y, a continuación, Tykee Smith y Antoine Winfield Jr. acabaron chocando, dejando a Boston el camino completamente abierto hasta la end zone. De repente, aquel 16-6 que hacía unos minutos parecía una ventaja tranquilizadora se había transformado en un 16-16.

Ahí cambió el partido.

Chase McLaughlin volvió a mantener vivos a los Bucs

El encuentro llegó al cuarto cuarto empatado, pero Tampa Bay tuvo otra oportunidad de ponerse por delante. Baker Mayfield encontró finalmente una jugada vertical importante conectando con Tez Johnson para 49 yardas y colocando al ataque muy cerca de la red zone de Cleveland. Sin embargo, la serie tampoco terminó como debería y una vez más McLaughlin tuvo que salir al campo para convertir un field goal de 31 yardas.

19-16.

Era una ventaja corta, pero suficiente para poner la responsabilidad en manos de la defensa. Si Tampa Bay conseguía una parada, el ataque podía tener una nueva oportunidad para ampliar la diferencia y, sobre todo, consumir reloj. Era el tipo de situación en la que una defensa que quiere competir necesita demostrar que está preparada para cerrar el partido.

No lo hizo.

Cuando llegó la hora de defender la ventaja, Cleveland encontró el camino

Deshaun Watson y la ofensiva de los Browns construyeron un drive largo que acabó consumiendo más de seis minutos de reloj. No fue una serie basada en una sola gran jugada. Fue, precisamente, lo contrario: Cleveland fue avanzando poco a poco, consiguiendo primeros downs y obligando a Tampa Bay a defender snap tras snap hasta que encontró el espacio definitivo.

Watson terminó conectando con Blake Whiteheart para un touchdown de 17 yardas que puso el 23-19 con 3:51 por jugar. El problema no fue únicamente permitir la anotación. Lo preocupante fue cómo llegó Cleveland hasta allí. En ese drive, Watson completó 8 de 9 pases para 58 yardas y los Browns fueron capaces de mover las cadenas de manera constante. La defensa de Tampa Bay no recibió un golpe seco; fue desgastándose hasta que llegó el momento en que Cleveland encontró la jugada que necesitaba.

Eso debería ser una llamada de atención para Todd Bowles. Su defensa ha tenido momentos suficientemente buenos como para pensar que hay una base sobre la que trabajar, especialmente contra la carrera, pero una defensa que pretende convertirse en la identidad del equipo tiene que dar un paso adelante cuando el partido pide una parada. Contra Cincinnati no ocurrió. Contra Cleveland tampoco.

Bucky Irving vuelve a ser una de las pocas certezas

Y eso que no es el mismo. No, no lo es. Entre tanta irregularidad, Bucky Irving sigue siendo una de las pocas piezas que parecen funcionar exactamente como estaba previsto. El running back terminó con 17 carreras para 89 yardas y volvió a ofrecer esa capacidad para encontrar huecos, cambiar de dirección y producir jugadas explosivas que tanto necesita el ataque. Su carrera de 38 yardas en el primer cuarto fue un buen ejemplo de cómo puede cambiar la posición de campo prácticamente en un instante.

Pero precisamente por eso resulta llamativo que la ofensiva siga sin conseguir aprovechar de forma consistente al resto de sus piezas. Kenny Gainwell volvió a tener una participación mínima y, después de dos partidos, todavía no hemos visto la versión dinámica del jugador que se esperaba como complemento de Irving. Chris Godwin, por su parte, mostró que sigue teniendo capacidad para producir, pero terminó con solamente tres recepciones para 46 yardas, aunque todas ellas sirvieron para conseguir primeros downs.

Tampa Bay tiene talento suficiente para no depender de un solo jugador. El problema es que, por ahora, Irving está teniendo que cargar con una parte demasiado grande del peso ofensivo.

Baker Mayfield tiene que jugar mejor

Aquí no hay demasiadas vueltas que darle. Baker Mayfield tiene que jugar mejor.

El quarterback de Tampa Bay terminó el partido con 21 pases completados de 34 intentos para 182 yardas, un touchdown y una intercepción. La estadística no cuenta toda la historia, pero tampoco permite esconder que fue una actuación insuficiente para lo que el equipo necesita de su quarterback franquicia, especialmente después del contrato de tres años y 165 millones de dólares que firmó justo antes del comienzo de la temporada.

Hay jugadas en las que Mayfield sigue demostrando aquello que le convirtió en el quarterback que Tampa Bay quería retener. Tiene movilidad, sabe extender jugadas y es capaz de improvisar cuando la pocket se rompe. El problema es que durante demasiados momentos está convirtiendo esa capacidad de improvisación en la primera solución, en lugar de la última. Contra Cleveland volvió a salir del pocket demasiado pronto en varias situaciones y su producción vertical volvió a quedarse corta.

El último drive es el mejor resumen. Tampa Bay tenía la oportunidad de ganar, había logrado avanzar y estaba en territorio de Cleveland. Después de la tormenta, después de 132 minutos de espera, después de regresar al campo con dos minutos por jugar, los Buccaneers necesitaban que su quarterback encontrara una respuesta. Llegó una penalización de Graham Barton, Ted Hurst tuvo entre las manos un posible touchdown y, después, Mayfield consiguió solamente unas pocas yardas con sus piernas antes de enfrentarse a un cuarto down decisivo.

En cuarto y diez, el pase hacia Egbuka no encontró su objetivo.

Y se acabó.

No todo es culpa del quarterback

Bowles, si, Todd Bowles, pero esa ya te la sabes. Precisamente por eso me parece demasiado sencillo convertir esta derrota en un juicio Bowles, incluso sobre Baker Mayfield. El quarterback tiene responsabilidad y tiene que mejorar, pero tampoco puede cargar él solo con todo lo que está ocurriendo en Tampa Bay. La línea ofensiva está cometiendo errores demasiado caros, el play-calling de Zac Robinson todavía no parece encontrar una identidad clara y la defensa, aunque ha mejorado contra la carrera, sigue fallando en los momentos en los que más necesita imponerse.

Las penalizaciones de la línea son especialmente preocupantes porque no hablamos de acciones anecdóticas. Algunas llegaron directamente después de jugadas que habrían movido las cadenas o mantenido vivo un drive. Graham Barton tuvo dos holdings importantes, Ben Bredeson también fue sancionado y Tampa Bay terminó permitiendo tres sacks. Tristan Wirfs, por su parte, todavía parece estar recuperando sensaciones después de perder buena parte del training camp por lesión.

No es una unidad desastrosa. Pero tampoco está jugando al nivel que este equipo necesita.

Zac Robinson todavía no ha encontrado el ataque que esperaba Tampa Bay

También hay preguntas para el coordinador ofensivo. El ataque de los Buccaneers está mostrando demasiadas dificultades para generar ritmo y, sobre todo, demasiada dependencia de acciones horizontales que permiten a la defensa jugar cerca de la línea de scrimmage. Contra Cleveland hubo demasiadas jugadas que parecían buscar sobrevivir en lugar de atacar.

Eso no significa que Zac Robinson sea el único responsable. Los jugadores tienen que ejecutar y Mayfield tiene que tomar mejores decisiones. Pero una ofensiva con Godwin, Egbuka, Bucky Irving, Otton y el resto de sus piezas debería ofrecer más alternativas y, sobre todo, debería obligar a las defensas a preocuparse por más de una cosa.

El problema es que, después de dos partidos, todavía no sabemos exactamente qué quiere ser este ataque.

Y cuanto antes lo descubra, mejor.

Vita Vea tampoco está encontrando su mejor versión

Otro de los nombres que está generando preguntas es Vita Vea. El defensive tackle llegó a un nuevo acuerdo durante la offseason después de una larga negociación y regresó al campo con la responsabilidad de seguir siendo el corazón de la línea defensiva de Tampa Bay. Sin embargo, su comienzo de temporada ha sido discreto.

Ante Cleveland no consiguió registrar ninguna presión y terminó con dos tackles asistidos. La mejoría de la defensa contra el juego terrestre es una noticia positiva, pero de Vea se espera algo más. No solamente ocupar espacio, sino provocar problemas constantemente y abrir oportunidades para que el resto de la línea pueda aprovecharlas.

Dos partidos son muy pocos para sacar conclusiones definitivas sobre un jugador de su nivel, especialmente teniendo en cuenta que su situación contractual redujo su trabajo de training camp y que no disputó preseason. Pero precisamente porque estamos hablando de uno de los jugadores más importantes de la plantilla, es normal que cualquier inicio por debajo de su nivel genere preguntas.

El problema es que los nombres importantes están fallando a la vez

Baker Mayfield y Vita Vea no son los únicos. Antoine Winfield Jr., Tristan Wirfs, Luke Goedeke, Alex Anzalone, Rueben Bain Jr. o Yaya Diaby forman parte de un grupo de jugadores importantes que todavía no están jugando al nivel que esperábamos de ellos.

Anzalone, de hecho, volvió a tener una tarde complicada y su error en la jugada del touchdown de Denzel Boston pesa mucho más cuando se tiene en cuenta que ya había dejado dudas en la jornada inaugural. Bain y Diaby tampoco están generando la presión exterior que se esperaba de ellos, y eso hace todavía más difícil que Bowles pueda cerrar partidos cuando la ofensiva rival necesita avanzar.

No es una cuestión de señalar a un culpable único. Precisamente el problema de este 0-2 es que hay demasiadas pequeñas cosas que no están terminando de funcionar al mismo tiempo.

La tormenta fue una imagen demasiado perfecta

Puede sonar demasiado literario, pero resulta difícil no pensar que la tormenta eléctrica que obligó a detener el partido durante dos horas y doce minutos terminó siendo una especie de resumen perfecto de los Buccaneers.

Tampa Bay estaba otra vez intentando remontar un partido que debía haber cerrado antes. Había cruzado el centro del campo. El reloj estaba por debajo de los dos minutos. La oportunidad seguía ahí.

Y entonces cayó el cielo.

Después de la pausa, los Bucs tuvieron una nueva oportunidad para escribir otro final. Dos carreras de Irving movieron las cadenas, Mayfield conectó con Hurst y el equipo llegó hasta la 13 de Cleveland. Pero un holding volvió a complicarlo todo, Hurst dejó escapar el touchdown que habría puesto a Tampa Bay por delante y, finalmente, Mayfield no pudo completar el cuarto down.

No siempre hace falta buscar una explicación más profunda.

A veces, simplemente, un equipo no hace las jugadas que necesita hacer.

Ahora llega Minnesota

Y el calendario no va a esperar a que Tampa Bay encuentre todas sus respuestas. El próximo domingo, 27 de septiembre, los Buccaneers volverán a jugar en el Raymond James Stadium para recibir a los Minnesota Vikings, que llegan a Tampa con un récord de 2-0. El kickoff está programado para las 4:05 p. m. ET.

Eso convierte la Week 3 en una jornada especialmente importante por una razón muy sencilla: Tampa Bay necesita empezar a convertir sus buenas fases en victorias. No hace falta hablar todavía de temporadas perdidas ni sacar conclusiones definitivas sobre nadie. Estamos en septiembre y quedan muchos partidos por jugar.

Pero tampoco tiene sentido ignorar lo que hemos visto.

El equipo ha perdido sus dos primeros encuentros, ha cometido errores decisivos en ambos y todavía no ha encontrado una manera consistente de jugar los partidos durante cuatro cuartos. Minnesota llega invicto y Tampa Bay tendrá que demostrar que es capaz de ofrecer algo diferente.

Cañonazo final

Después de Cincinnati pensé que los Buccaneers habían dejado escapar un partido que perfectamente podían haber ganado. Después de Cleveland me queda una sensación distinta: Tampa Bay está empezando a acumular demasiadas oportunidades perdidas como para seguir pensando que todo se resolverá simplemente esperando a que el equipo coja ritmo.

Porque sí, hay cosas positivas. Bucky Irving está produciendo. La defensa contra la carrera respondió mejor. Chase McLaughlin está siendo una garantía. David Walker dejó una señal muy interesante en su debut y algunos jóvenes siguen demostrando que tienen capacidad para convertirse en piezas importantes.

Pero también hay demasiado por corregir.

Mayfield necesita mejorar. Zac Robinson necesita encontrar soluciones. Todd Bowles necesita conseguir que su defensa cierre partidos. Los jugadores importantes tienen que elevar su nivel y la línea ofensiva no puede seguir regalando yardas y drives con penalizaciones inoportunas.

Los Buccaneers están 0-2.

El barco sigue navegando, pero después de dos jornadas ya hay agua suficiente en cubierta como para que nadie pueda permitirse mirar hacia otro lado.

El domingo llega Minnesota.

Y esta vez, además de competir, toca ganar.


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